Opiniones

Especulaciones sobre el futuro educativo

Por: Juan Carlos Yáñez Velazco (@soyyanez)

Dos decisiones marcarán el rumbo del nuevo gobierno colimense en materia educativa: el equipo que encabezará la secretaría y la elaboración del programa estatal. Indudablemente importa quién será el secretario, si la designación es parte del acuerdo entre partidos o el perfil político y técnico del elegido; sin embargo, la idoneidad de su designación la sellará el equipo a su alrededor. El secretario y sus hombres cercanos es el mensaje inaugural del gobernador.

La otra gran decisión del primer tramo administrativo es el proceso de consulta para el programa educativo estatal. Aunque tradicionalmente ha sido un documento de menor relevancia, sujeto a políticas federales y a las visiones de la secretaría que conduce la planeación, las circunstancias del momento le conceden importancia inédita. Por un lado, el matiz de hombre preparado con el que se presentó al nuevo gobernador descartaría la irrupción de ocurrencias o desatinos en las decisiones. Por otro, las circunstancias convulsas que enfrentó un segmento del magisterio inconforme con el adeudo del gobierno estatal y con la evaluación que dicta la reforma nacional.

La peor manera de encarar dicho escenario es minimizarlo o reducirlo a la expresión de un grupúsculo con intereses inconfesables. Craso error, aunque habitual. No tengo una radiografía completa, pero sí opiniones de profesores y directores para constatar que la inconformidad de los maestros es legítima. Las razones las pueden tener claras en la propia secretaria, por fallas en la conducción de la reforma e inoperancia local.

Un plan de trabajo, en la cultura mexicana, es casi irrelevante. Formalismo, burocracia, pérdida de tiempo y despilfarro de credibilidad. Así ha sido. Justamente por eso, un proceso de participación social genuina con maestros, directores, padres y estudiantes podría ser ejercicio inigualable para abrir canales de comunicación cerrados en visitas fugaces a las escuelas.

El documento resultante de dicho proceso sería valioso, sobre todo, los aprendizajes derivados de la oportunidad que tendrían las autoridades al sentarse, sin celular ni tabletas, a escuchar la problemática, alternativas y compromisos.

La opción natural es más fácil, la que marca la historia; entre otras razones, explica la inocuidad de pasar de una administración a otra y los fallidos resultados que disfrazan la realidad con maquillajes siempre efímeros. Entre una y otra podríamos hipotetizar, muy pronto, el rumbo de la conducción estatal .

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