Opiniones

La lengua de los dilemas: Lo innombrable

Aunque a muchos no les guste, hay cosas que debemos decir por su nombre real y sencillamente las escuchan algo desagradables. Por ello, las sustituimos por otras que consideramos de menor impacto o “más agradables al oído”. Sin embargo, esto es la simple percepción de quien las dice.

Esas, estimado lector, son los conocidos eufemismos; palabras o expresiones más suaves o decorosas con que se sustituyen otras consideradas tabú, de mal gusto, groseras o demasiado francas. ¡Viva la hipocresía del lenguaje!

La palabra eufemismo no significa otra cosa que expresión agradable (del griego eu ‘bueno, agradable’ y pheme ‘habla’).

Un ejemplo de eufemismo es hecho de ser despedido por una empresa. Para evitar esta “desagradable palabra” –despido-. Por eso, algunos medios de comunicación prefieren usar bajas incentivadas.

Es normal esta situación y no exceptúa clases sociales –altas o bajas-. En todas existe aspectos de la vida o formas de comportamiento que están sujetos a ciertas clausulas conocidas como tabú: “Prohibición de hacer o decir algo determinado, impuesta por ciertos respetos o prejuicios de carácter social o psicológico”. De aquí nace el tabú lingüístico, es decir, palabras que no se pueden mencionar por ser consideradas sucias.

Para Stephen Ullman existen tres tipo de tabú: el relacionado con el miedo, el que se asocia con la delicadeza y el que tiene que ver con la decencia y el decoro. Además, señala que el eufemismo es una forma de llenar el vacío creado por el tabú.

Tabú del miedo. negación a pronunciar nombres de determinados seres sobrenaturales, animales u objetos que, se supone, poseen determinados poderes, generalmente negativos.

Tabú de la delicadeza. evitar la referencia a cuestiones molestas o desagradables, como la muerte, las enfermedades físicas o mentales, la vejez, los crímenes, en fin.

Tabú de la decencia. relacionado con palabras referentes al sexo, ciertas partes del cuerpo y sus funciones, y con las erróneamente llamadas “malas palabras”.

Ejemplos

Grande, llenito, de huesos anchos = sobrepeso, obeso

Correccional, centro de readaptación = cárcel

Persona pequeña = enano

Arrojar, devolver lo comido, deponer = vomitar

Intervención militar = guerra

Camposanto = panteón

Intendencia = conserje

Poco agraciado = feo

Perdió la vida, se nos fue = murió

Adulto mayor = viejo, anciano

Los ejemplos sobran y aunque estas palabras puedan encubrir lo que no quereos nombrar, no pueden cambiar la realidad de las cosas. A la larga, este nombre termina siendo tan vulgar como al que intentó cubrir. Es en este punto donde hay que buscar un nuevo eufemismo para “tapar” la fealdad de nuestra realidad. Es decir, los eufemismos se van caducando. Hoy se llaman así, mañana pueden cambiar.

Por Fernando Castillo

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