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La Semana Santa

La también llamada Semana Mayor, similar a como se realiza en varios puntos de nuestro Colima se lleva en otras partes del país donde se escenifica el drama de la Pasión y Muerte de Cristo, con un guión en el que los protagonistas en son quienes interpretan a Jesús, a los centuriones romanos, a los judíos y a los fariseos además de los apóstoles. Sin embargo en algunos lugares ya se agregan a otros personajes como Poncio Pilatos, María Magdalena y la Virgen María entre otros personajes más. En varias otras ciudades de Guerrero; Querétaro; San Luis Potosí, Chiapas y recientemente en la ciudad de Colima, las celebraciones son más solemnes con la inclusión de la “Procesión del Silencio”, donde los penitentes se someten a rudos auto sacrificios llamados mandas o compromisos que hicieron a cambio de un favor o don recibido.

Aunque con formas ya muy apartadas del sentido inicial de esta conmemoración religiosa, tiene orígenes remotos ancestrales que se apuntalan allá por los siglos IV y V de nuestra era, cuando con cantos, himnos, marchas y procesiones se recordaba la pasión y muerte del Nazareno, en lo que ubicamos como los primeros esbozos que luego se afirmarían con los Franciscanos, ya sobre mediados del siglo XIV, cuando se convierten en los custodios de los lugares santificados por la vida de Jesús el Cristo, iniciando la devoción fuera de Jerusalén en parte imitando a los devotos peregrinos de otras religiones de la región que veneran los lugares santos de su creencia y fe, como la Meca.

A lo que se sumó para su propagación en Europa fue la conquista de Jerusalén por los Musulmanes y que se reavivó por la reimplantación de las cruzadas y la intervención de frailes como Álvaro de Córdoba, quien entre los siglos XV y XVI se constituyó en el principal promotor de este uso religioso catequizador en el Nuevo Mundo, hasta donde corridos los años la iglesia Católica diseñó, normó y trajo todo el ritual definido en las catorce estaciones conocidas del llamado Vía Crucis: 1. Los Azotes, 2. La Cruz a cuestas, 3. La Primera caída, 4. Los finos Amantes, 5. El Cirineo, 6. La Verónica, 7. La Segunda caída, 8. Las Piadosas, 9. La Tercera caída, 10. El Expolio, 11. La Crucifixión, 12. La Expiración, 13. El Descendimiento y 14. El Santo entierro.

Un evento ritual que en el trayecto de centurias en nuestro ahora país, México, se ha visto transformado, adaptado producto del sincretismo religioso, la cosmovisión de los naturales, la realidad pluricultural que nos caracteriza y el propio devenir histórico de cada región en las que se ha forjado y apreciamos diversas formas de celebrar un mismo rito, desde los teatralizados montajes de vida, guerra y muerte de los Tarahumaras, hasta los flagelados y encadenados, conocidos como los Encruzados de Taxco en Guerrero, sin dejar el muy comercial espectáculo del Vía Crucis en Iztapalapa y, en contraparte, las solemnísimas formas de devoción con las que la pasión, muerte de Jesús y la Marcha del silencio se representa en Chiapas y en la amplia región lacustre de Michoacán.

Para esta celebración y no obstante que también participan otras iglesias como la Ortodoxa, es la Católica Apostólica Romana por aglutinar al mayor número de creyentes en el mundo bajo la autoridad del Pápa, la que cada año prácticamente rige la tradición, comenzando en la víspera de la Pascua Judía con el Domingo de Ramos, día en el que Jesús entra a Jerusalén y entre la algarabía de la fiesta dominical, es recibido con hojas de palma, hasta terminar en el Sábado Santo.

Las fechas del calendario gregoriano son las que cada año establecen el periodo en el que ocurrirá la Semana mayor, así tenemos que para este 2016 el Domingo de Ramos caerá mañana 20 de Marzo, lunes 21, etcétera, hasta llegar al Jueves 24, de la Última Cena, que es cuando Jesús indicia a Judas y vaticina su próxima muerte a la vez que se despide de sus discípulos. El Viernes de Dolores el 25, día del Vía Crucis que inicia con el proceso y la condena de Jesús para morir en la Cruz, el Sábado 26, de Gloria o luto, y el 27, Domingo de Resurrección.

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