Opiniones

Oficios entrañables: el periodismo

Entre los oficios que elegiría en otra vida está el periodismo. Preciso: el periodismo de verdad, el que forjó a Rodolfo Walsh, Gabriel García Márquez, Eduardo Galeano o Juan Gelman. El que se hace en las trincheras de los sucesos, entrevistando a los otros actores, a los que no tienen voz, a los que no tienen oficinas de comunicación social ni quien les redacte comunicados fríos; recorriendo los túneles y los recovecos donde ocurren los hechos o se encuentran otras voces; el que construye opiniones inteligentes a partir de ideas sólidas y pulcramente redactadas. Lejos, muy lejos de los boletines de prensa y las entrevistas de banqueta.

Así me imagino en otra película vital. Por ello disfruto cuando leo el periodismo que surge de ese estilo periodístico. Por eso disfruto cuando leo la prensa bien escrita (un hábito en disolución por estos lares), redactada con respeto al oficio, es decir, a los lectores y al firmante. Por eso, quizá, leo y persigo libros de periodistas/escritores o escritores/periodistas, como los arriba citados y otros, entre los cuales, hoy tengo en la mesa de lecturas a un argentino que heredó las mejores tradiciones de ese periodismo narrativo y lo cultiva con estilo propio: Martín Caparrós, quien, en plan “esquemático tremendo”, define al periodista como el que ejerce en el terreno, así como el escritor en el escritorio.

El libro que leo se llama Lacrónica. Publicado por Planeta en 2015, compila un género que llamaban “territorios” en una revista bonaerense (“Porteños”) fundada en 1981. Los territorios contaban, dice Caparrós, “con prosa trabajada, la vida de un barrio, un oficio, un sector social”. Lacrónica es, remacha, “el tipo de periodismo que la mayoría de nuestros medios no publica”.

En Lacrónica desfilamos frente a las historias estupendamente escritas por Caparrós en Bolivia, entrevistando, entre otros, al joven líder de los productores de coca, Evo Morales. Una conversación entrecortada con el dictador Jorge Rafael Videla mientras se ejercitaba por la costanera sur de Buenos Aires. Sus pasajes son bella y crudamente descriptivos, como una temeraria incursión en la selva peruana en busca de Sendero Luminoso; la tortura en el Olimpo, un campo de concentración de la dictadura argentina; la terrorífica historia de la prostitución infantil en Sri Lanka o un paseo por la fidelísima Habana de Fidel Castro, así como una prolongada y dolorosa estancia al costado del Lago Tanganica. Ejercicio periodístico ejemplar son las entrevistas con Kapuściński; y memorables para nosotros su incursión por Juchitán y la entrevista con Juan Rulfo en la Feria del Libro en Buenos Aires.

En resumen, si eso es posible, “un texto periodístico que intenta mirar de otra manera eso que todos miran o podrían mirar”. Es, sin tapujos, política; porque Lacrónica es política. Una manera de pararse frente a la información y su política del mundo. Un estilo periodístico, una forma de encarar el día a día, que apuesta a la escritura precisa, que concibe al lector como inteligente: “Suelo preguntarme por qué los editores de diarios y periódicos latinoamericanos se empeñan en despreciar a sus lectores. O, mejor, en tratar de deshacerlos: en su desesperación por pelearle espacio a la radio y la televisión, los editores latinoamericanos suelen pensar medios gráficos para una rara especie que ellos se inventaron: el lector que no lee”.

Un libro imprescindible para periodistas, aprendices de escritores o solo para disfrutarlo en un viaje sin moverse de la silla, con un vaso de lo que sea, cualquier noche fresca en la Colima incandescente.

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