Opiniones

 #Temple: Los plurinominales

 

Los legisladores plurinominales siguen dando de qué hablar. Y es que por un lado se han convertido en el blanco de miradas, críticas y menosprecio de la sociedad civil y por el otro, los partidos políticos saben de su valor electoral e intentar conservar esa prerrogativa.

Los diputados federales plurinominales aparecen en la vida política formal mexicana en 1977 con cien miembros y en 1986 se amplían a 200; en tanto que los Senadores plurinominales se formalizan en 1996 con 36 beneficiados.

405 millones de pesos anuales en salario básico es lo que cuestan los congresistas federales al país. Cantidad con la que mucho se pudiese realizar pero de poca significancia en el Presupuesto de Egresos de la Federación.

Los buenos o malos oficios de los legisladores no tienen que ir necesariamente ligados a su ingreso; más bien a su razón de ser y productividad.

Los plurinomiales tienen su fundamento en darles voz y voto a las minorías del país, esa es su esencia republicana.  Las minorías deben tener entre las mayorías a quien dignamente les represente para evitar tiranías o atropellos.

El problema no es que existan, sino que su razón de ser, se ha pervertido, corrompido con la complasencia de quienes tienen la facultad de entregarlas a manera de pago por favores recibidos, o por hacer. El resultado de ese ejercicio cultivado eficientemente en México es que se tienen congresistas con magra productividad y falsa representatividad social.

Si en algo pueden aportar los actuales dirigentes partidistas nacionales y locales para mejorar las condiciones políticas maltrechas es en pensar y proponer a quiénes verdaderamente por la vía plurinominal  sean voces reales de las minorías y no sólo bloferos o estridentes.

 

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