Opiniones

#Temple: Seguridad y discurso

Las cosas hay que decirlas como son. Más si se trata del tema de seguridad y, con mucha mayor razón si referimos a nuestro Estado de Colima.

Los actos delictivos han crecido en cantidad y espectacularidad durante los últmos tres sexenios. No es que antes fuesen inexistentes, sino que se carecía de un  método válido para contabilizar, documentar y analizarlos. Es así que desde la ONU y sus  organismos filiales en las naciones se determina que habría que medirlos por cada cien mil habitantes, y no sólo,  citarlos en fuentes mediáticas con tufo de morbosidad.

Fue durante los sexenios de Fox y Calderón, cuando en paralelo mundial se afinan los sistemas de medición de los delitos de alto impacto para quedar como hoy, por cada cien mil habitantes.

Los delitos de alto impacto como asesinatos y otros, ya existían. Durante el sexenio calderonista, se contabilizaron mejor y hubo la posibilidad de analizarlos y encontrar soluciones a ello; como bien existen evidencias en los órganismos de seguridad nacional.

Una ruta definida en ese sexenio era el fortalecimiento de las instituciones de seguridad pública: Municipales, estatales y federales. Sin embargo, hay que decirlo en todas sus letras: La rentabilidad electoral de responsabilizar a la imagen presidencial del conteo delictivo, fue superior a la estrategia de mediano y largo plazo por mejorar la paz y el tejido social.

Hoy, quienes ejercen el poder ejecutivo en la Federación y los Estados, son víctimas de lo que criticaron. Terminan por hacer lo mismo que hace años pero con instituciones más débiles y desacreditadas por sí mismos.

Prometer vivir seguro y conceptualizar una guerra al narcotráfico, nos ha costado muy caro; pues pasan la factura electoral a las instituciones y no a los políticos o partidos, insensatos e irresponsables.

 

 

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